En el corazón de Viña del Mar se encuentra una joya arquitectónica que parece sacada de una película de época: el Palacio Rioja. Este museo es un testimonio vivo del esplendor de la “Belle Époque” viñamarina y uno de los hitos patrimoniales más significativos de la ciudad.
El Palacio fue construido entre 1907 y 1910 por encargo del empresario español Fernando Rioja Medel, quien eligió Viña del Mar como lugar para su residencia luego del devastador terremoto que afectó a la región en 1906. La obra estuvo a cargo del arquitecto francés Alfredo Azancot, responsable también de otras construcciones emblemáticas de la zona, como el Palacio Carrasco y el Arco Británico.
La arquitectura del Palacio Rioja está inspirada en los palacios franceses de la segunda mitad del siglo XVIII, combinando elementos del neoclasicismo con toques del barroco tardío. Su diseño destaca por la simetría de sus fachadas, majestuosas columnatas y una escalera imperial que da la bienvenida al visitante. En su interior, salones como la sala de los espejos o el gran comedor exhiben mobiliario, cortinajes y piezas decorativas traídas desde Europa que reflejan el gusto y estilo de vida de la aristocracia de la época.
Los jardines que rodean el palacio fueron parte esencial del proyecto original. Diseñados con senderos, palmeras y especies exóticas de Asia, África y Brasil, estos espacios completan una experiencia que combina arquitectura, naturaleza y paisaje urbano de manera armónica.
Tras la muerte de Fernando Rioja en 1922, su familia mantuvo la propiedad casi intacta hasta 1956, cuando el Municipio de Viña del Mar la adquirió. Desde 1979, el Palacio Rioja funciona como Museo de Artes Decorativas, conservando su colección original de muebles, textiles y objetos de ornamentación, y permitiendo al público conocer de cerca la vida y la estética de principios del siglo XX.
A lo largo de los años, el palacio ha enfrentado desafíos como los terremotos que han afectado a la región, pero procesos de restauración han permitido recuperar y preservar su diseño original y su valor patrimonial. En 1985 fue declarado Monumento Histórico Nacional, y hoy sigue siendo un espacio abierto a visitantes y amantes de la historia, la arquitectura y las tradiciones que dan forma a la identidad cultural de Viña del Mar.
Visitar el Palacio Rioja es como hacer un viaje en el tiempo: recorrer sus salones y jardines es conectar con una época pasada, admirar la belleza de su arquitectura y comprender parte del legado histórico que hace de Viña del Mar una ciudad única en Chile.

